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montesas en la sierra de guadarrama |
La caza, una actividad que llevo practicando desde hace mucho tiempo, cerca de 60 años, ya que con 9 o 10 años de edad ya salía solo al campo o con mi tío tras los conejos, zuritas y torcaces, pues la perdiz la cazaban unos señores de Barcelona que tenían comprada la perdiz en el pueblo y en dos más colindantes pero, en realidad, la caza nació para mí el mismo día que yo. Ha llovido mucho desde entonces, en aquella época la caza era respetada, compartida y bien vista por casi todo ser humano, tanto de ciudad como de pueblo, y ser cazador era como cualquier otra actividad lúdico-festiva; es más, los cazadores exhibían sus perchas tanto en campo como caminos o en el propio pueblo, ya que las salidas de los cazadores del pueblo se hacían a pie. Los citados perdiceros de ciudad se desplazaban en coche, y al terminar la cacería colocaban las piezas cobradas y bien ordenadas sobre el techo del maletero, orgullosos de sus capturas. Aún recuerdo a mi suegra, orgullosa de mi, recordándome que colocara mis piezas detrás, para que se vieran bien, pero nunca lo hice, yo cazaba para mi y con disfrutar el campo y estas piezas bien cocinadas era suficiente.